Movilidad a Chequia con Alumnos (4-11 octubre)

Experiencia en Chequia contada de primera mano 😁

Días 0 y 1. Sábado 4 y domingo 5 de octubre. Praga. 

La expedición del IES Madrid-Sur, diez alumn@s y 2 profesores, llegó al hostal sobre las 23,30. Dejamos las maletas y salimos a dar una pequeña vuelta por la ciudad. Obstaculizados por las obras, vamos a la Plaza de Wenceslao, donde todo sucede. Opinan los alumnos que suceden demasiadas cosas que no les interesan (como en cualquier capital europea un sábado noche).




Por tanto, el pueblo duerme y sale del hostal a visitar la ciudad a las 8,30 de la mañana. Hace fresco y los ánimos están fríos. Poco a poco se van calentando y mojando… En el primer recorrido destacan la Plaza de la Ciudad Vieja y su Torre del Reloj, donde no podemos parar para ver la procesión de santos porque falta mucho. Continuamos por la casa de Kafka y su escultura memorial, para internarnos en el Barrio Judío, hasta la sinagoga española, y paseamos por la orilla del río hasta llegar al emblemático Puente de Carlos. Acabamos el primer recorrido en el muro John Lennon y damos tiempo libre para tomar algo y comprar  un “recuerdo”.




En el segundo recorrido nos acercamos a la Iglesia de San Nicolás, el Castillo, la Catedral de San Vito y el Callejón Dorado. Decidimos ir a comer porque arrecia la lluvia y nos queda poco tiempo. Cabrera nos avisa del peligro de la lluvia en los adoquines y luego se cae él mientras busca un recorrido más corto.


Nos han quedado un montón de monumentos por ver. Jorge recuerda que ya dijeron las profesoras de Třinec que para ver bien Praga se necesitan al menos tres días. Como el tiempo apremia, nos vamos a comer. Después de un postre típico, recogemos las maletas y para Třinec.


Día 2. Lunes 6 de octubre. Třinec. 

Llegamos a Gymnasium Třinec y nos reciben con un desayuno bien rico, con un montón de dulces checos. A continuación, nos pasan a otra sala en la que la profesora Lucie nos explica el plan general del intercambio y lo que haremos hoy. Dos de sus alumnos nos amenizan la presentación de su Centro que han realizado para nosotros. Conocemos también a la directora del centro, que pasa a saludar.


Tras esto nos enseñan el instituto, nos llama la atención que las clases son menos numerosas que en España, la sensación de orden y algunos de los entretenimientos que tienen para pasar el tiempo de los descansos.



Entramos a diversas clases: Matemáticas, Inglés, Química y Geografía.  Tras la visita por el centro, comemos en el comedor del Instituto



Pasamos por el gimnasio para calentar motores de cara a la actividad de fuera: una presentación con picnic chillout en el parque de enfrente del colegio. Por grupos de cuatro, usaremos una aplicación on line creada por alumnos para que nuestras parejas nos presenten el entorno cercano de la ciudad.



Finalmente, la lluvia obliga a suspender el picnic. Lo sustituimos por partidos de vóley y fútbol en el gimnasio. Después de la visita guiada, más dulces y nos vamos a casa, no sin antes echar la tarde charlando con nuestras parejas checas.

Uno de los estudiantes dijo una frase que se me quedó grabada: “Třinec sin la fábrica no sería Třinec”. En ese momento entendí que, aunque su ciudad no sea grande ni especialmente turística, ellos se sienten muy orgullosos de su origen. Y eso nos pareció algo muy bonito, porque a veces damos por hecho lo que tenemos cerca y no valoramos la historia que hay detrás de los lugares donde vivimos.

También descubrimos que Třinec tiene una vida cultural más activa de lo que imaginábamos. Hay festivales, conciertos, ferias y actividades que hacen que la ciudad tenga movimiento todo el año. Nos contaron que en verano organizan eventos al aire libre donde la gente se reúne para escuchar música o ver películas. Nos pareció muy interesante que, a pesar de ser una ciudad pequeña, se nota que valoran mucho el arte y la creatividad.


Día 3. Martes 7 de octubre. Auschwitz. 

Fue un día complicado. Salimos del Instituto hacia las 5,30 de la mañana, en autobús, en dirección a Polonia. Tardamos hora y media en llegar. Después hubo que esperar un tiempo para acceder. Lloviznaba con cierta intensidad, lo que contribuía a aumentar la sensación de horror que nos producía el tema que tocaba.


Nada más acceder a los barracones nos dieron datos precisos sobre cómo se organizaba aquel horror, sobre como se ocultaban las pruebas de todo lo que hacían allí, haciéndolo pasar a ojos de la población local por una fábrica de armas.  El caso es que más de cuatrocientas mil personas murieron en ese campo de concentración, siendo más del 20% niños.


Pasamos por numerosas galerías con fotos de los presos y otras estancias donde se exponían los mechones de pelo, zapatos, juguetes y maletas que ellos mismos entregaron, pensando que más adelante las podrían recuperar. Vimos sus habitaciones y las celdas de castigo. Dos de nuestras compañeras checas estaban descompuestas, llorando buena parte de la visita. Al final de la primera parte, ambas ofrecieron flores en memoria de sus familiares muertos allí.

Más adelante volvimos a coger el bus para acceder a la zona de exterminio, que estaba más alejada. Nos llamó mucho la atención como la guía local relataba toco con enorme emoción en un inglés bastante fluido. Al preguntarla al respecto sobre esa emotiva forma de hacer su trabajo durante tanto tiempo, nos contestó que no podría hacerlo de otra manera. Creo que tuvimos suerte, otras guías no eran como ella.

A la vuelta de Auschwitz, paramos en la ciudad fronteriza de Cieszyn mitad polaca, mitad checa, donde comimos. Después antiguos alumnos de nuestra coordinadora, que estaban en prácticas, nos enseñaron los lugares más llamativos de la parte polaca de la ciudad.


Luego volvimos a Třinec a pasar la última parte de la tarde echando unos bolos.


Día 4. Miércoles 8 de octubre. De rutas por las montañas. 

Salimos del Colegio, hoy a una hora mucho más prudencial. Cogimos el tren y llegamos a la montaña. El restaurante de platos típicos que había en la base estaba cerrado y empezamos a subir. El inicio fue espantoso la gente con problemas respiratorios se quedaba atrás, pero no fue mucho tiempo. En la primera parada nos pusimos a jugar, un juego español y otro checo.



El mal día que pintaba al principio se fue aclarando notablemente mientras seguimos andando y jugando al escondite inglés. Se nos unió un perro que se le había escapado a su dueña y, después, nos tiró piedras una ardilla llamada Matej. Después de andar por un trozo de la montaña que era parte de Eslovaquia, hicimos una parada en la cabaña-restaurante para comer.


En la bajada los primeros se equivocaron de ruta y serían los últimos. Hubo alguna que otra caída sobre el barro suave. Vendimos la piel del oso sólo cuando lo habíamos cazado y repusimos fuerzas en el área recreativa mientras esperábamos el tren. La tarde en Třinec fue dedicada a los estadios deportivos.



Día 5. Jueves 9 de octubre. Ostrava y sus museos. 

Fue un día de museos en Ostrava, primero nos acercamos al museo minero, donde nos explicaron la evolución de las medidas de seguridad, nos pusieron un casco y nos bajaron en un montacargas a la mina de carbón. Allí nos sentaron, para seguir con las explicaciones, y nos pasearon por varias galerías preparadas para ser exhibidas.


Nos hablaron de la importancia de la minería en la región, de la evolución de las máquinas y de que hoy ya no es rentable, porque el carbón australiano es mucho más barato que el checo.

Después de un circuito de simulación, dejamos los cascos, salimos de la mina y tomamos el bocata.


Caminamos hacia la parada de tranvía y llegamos a una antigua fábrica siderúrgica abandonada, muy parecida a la de Třinec, que utilizan en verano como escenario para distintos conciertos. Al lado, en un de los edificios laterales, apareció el Museo de Ciencia y Tecnología de la ciudad, que fue donde más disfrutamos los grandes y los pequeños, encajando figuras, sobrevolando paisajes, observando el universo, haciendo pruebas de fuerza y habilidad…




Por la tarde los compañeros checos nos enseñaron el centro histórico de la ciudad y algún que otro centro comercial.




Día 6. Viernes 10 de octubre. Actividades en el centro. 

Día intenso para acabar. En el Salón de Actos nos dedicaron una actuación musical y después estuvimos cantando canciones checas y españolas entre todos. 

Enseguida tocó la parte más creativa, hacer un collage, que resumiera nuestra experiencia en Chequia… 

Y exponerlo:



En el laboratorio de Química, mucho mejor que el nuestro, hicimos todo tipo de experimentos, incluyendo fuego y fabricación de helados


Llegó la entrega de diplomas y la comida

 

Para acabar, intercambio de bailes en el Gimnasio: polka, Macarena…


Día 7. Sábado 11 de octubre. Vuelta a Madrid. 

Al final del viaje, mientras estábamos todos reunidos, pensé en todo lo que habíamos aprendido. No solo sobre la economía o la historia, sino sobre lo que significa formar parte de un lugar y cuidarlo. Me di cuenta de que todas las ciudades tienen algo que enseñar, incluso las que no parecen tan “importantes” a primera vista. En Třinec aprendimos que la verdadera riqueza de una ciudad está en su gente, en sus valores y en cómo enfrentan los cambios sin perder su identidad.

Creo que esa es una de las cosas más bonitas de los programas Erasmus: poder descubrir que, aunque vivamos en países diferentes, compartimos muchas cosas. Todos queremos mejorar, avanzar y vivir bien, pero también conservar nuestras raíces. Conocer Třinec nos ayudó a ver que la cultura no está solo en los museos o en los monumentos, sino también en la vida diaria, en la manera en que una ciudad respira, trabaja y se cuida a sí misma.

En conclusión, visitar Třinec fue una experiencia muy especial. No solo entendimos la importancia que tiene la industria para ellos, sino también el valor de la comunidad, la naturaleza y la historia compartida. Aprendimos que una ciudad no necesita tener grandes monumentos para ser interesante; a veces, su valor está en su historia viva, en lo que sigue construyendo cada día. Y eso, sin duda, hace de Třinec un lugar que recordaremos siempre.

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